Si buscas magnesio en la farmacia, lo más probable es que veas una pared entera de cajas con nombres distintos: bisglicinato, citrato, malato, óxido, lactato, taurato… Las marcas suelen presentar cada forma como específica para algo concreto: "para dormir mejor", "para el cansancio", "para los músculos". La realidad es algo más matizada. Aquí explicamos qué diferencia hay entre las formas más comunes, qué dice la EFSA al respecto y qué mirar antes de comprar.

El magnesio en el cuerpo: para qué sirve realmente

El magnesio es un mineral esencial implicado en cientos de reacciones bioquímicas. La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) ha autorizado un conjunto específico de declaraciones de propiedades saludables para el magnesio, que son las únicas que un suplemento puede legalmente exhibir en su etiqueta:

Declaraciones autorizadas por EFSA

Según el Reglamento (UE) 432/2012, el magnesio:

Fuente: Reglamento (UE) 432/2012 de la Comisión Europea.

Cualquier afirmación más allá de estas — "ayuda con la ansiedad", "previene migrañas", "regula la tensión arterial" — no está autorizada en el etiquetado de suplementos en la UE, independientemente de lo que sugieran estudios concretos.

¿Por qué hay tantas formas distintas de magnesio?

El magnesio elemental no se vende como tal: siempre va combinado con otra molécula que lo acompaña, formando una "sal". Esa sal cambia tres aspectos importantes:

Esto último es la confusión más habitual al leer etiquetas: el peso de la cápsula no es el peso del magnesio que el cuerpo realmente absorbe.

Las formas más comunes y para qué se asocian

Veamos las formas que con más frecuencia encontrarás en farmacias, herbolarios y tiendas de suplementación:

Forma Biodisponibilidad Tolerancia digestiva Notas
Bisglicinato (o glicinato) Alta Muy buena Magnesio quelado con glicina. Pocos efectos digestivos.
Citrato Alta Variable (puede laxar) Forma más estudiada y económica. Efecto laxante a dosis altas.
Malato Alta Buena Combinado con ácido málico (ciclo de Krebs).
Treonato Alta Buena Forma reciente. Estudios preliminares en cognición.
Taurato Media-alta Buena Combinado con taurina.
Lactato Media-alta Buena Habitual en farmacia.
Óxido Baja Mala (laxante) Muy barato. Mucho magnesio por peso pero poca absorción.
Sulfato (sales de Epsom) Laxante (vía oral) Uso común externo (baños). Vía oral: laxante intenso.

Es importante aclarar algo: aunque verás muchas marcas anunciar "bisglicinato para dormir" o "malato para la energía", estas asociaciones específicas no son declaraciones autorizadas por EFSA. Provienen de hipótesis basadas en estudios preliminares, no de evidencia consolidada que la regulación europea respalde como propiedad saludable. La marca puede sugerirlas en su comunicación de manera ambigua, pero no debe afirmarlas como hechos en la etiqueta.

Lo que esto significa en la práctica

Si una etiqueta declara "bisglicinato para mejorar el sueño" como propiedad del producto, está incumpliendo el Reglamento UE 1924/2006. Una marca seria se limitará a las declaraciones EFSA permitidas y dejará al consumidor (o a su médico) la decisión sobre la forma química adecuada.

Biodisponibilidad: qué significa y por qué importa

La biodisponibilidad indica qué porcentaje del magnesio elemental contenido en el suplemento llega efectivamente al torrente sanguíneo. Una cápsula de óxido puede contener "más miligramos de magnesio en el papel", pero si su biodisponibilidad es baja, el magnesio absorbido real es inferior al de una cápsula de citrato o bisglicinato con menos magnesio elemental por cápsula.

Diversos estudios han comparado biodisponibilidades entre formas, aunque la metodología varía y los resultados absolutos cambian de un estudio a otro. Lo que sí hay consenso razonable es en una jerarquía cualitativa: las formas quelatadas con aminoácidos (bisglicinato) y las formas orgánicas (citrato, malato, lactato) absorben mejor que las inorgánicas como el óxido.

Cuánto magnesio necesitamos y de dónde sacarlo

La ingesta de referencia establecida por EFSA para adultos es de aproximadamente 300-350 mg al día, variando según edad, sexo y situación fisiológica (embarazo, lactancia). La principal fuente de magnesio es la dieta:

Una alimentación variada con presencia regular de estos alimentos suele cubrir las necesidades diarias en personas sin patologías digestivas o renales. La suplementación tiene sentido en situaciones específicas, pero esa decisión la debe tomar tu médico o farmacéutico tras valorar tu situación particular.

La carencia clínica de magnesio (hipomagnesemia) no es habitual en personas sin patología, pero la ingesta subóptima sí es relativamente frecuente, especialmente en dietas pobres en frutos secos, legumbres y cereales integrales.

Qué mirar en la etiqueta antes de comprar

Persona examinando con detenimiento la etiqueta de un suplemento
Las etiquetas de magnesio suelen ocultar la cantidad de magnesio elemental real entre números más grandes que llaman más la atención.

Si finalmente, tras consultar con un profesional, decides comprar un suplemento de magnesio, estos son los puntos que conviene revisar en la etiqueta:

Señales de alarma

Sospecha de un producto que: (1) no especifique la forma química exacta del magnesio; (2) esconda el magnesio elemental real en letra muy pequeña; (3) prometa efectos no autorizados por EFSA ("ansiedad", "migrañas", "presión arterial"); (4) combine magnesio con muchos otros principios sin justificar la combinación.

Sobre el efecto laxante

El magnesio en formas poco biodisponibles (especialmente óxido y sulfato) atrae agua al intestino y puede provocar deposiciones blandas o diarrea. Esto explica por qué muchas marcas anuncian dichas formas para "el tránsito intestinal" — y es un uso reconocido en farmacia. Pero conviene saber que ese efecto laxante no equivale a una buena absorción de magnesio: una parte importante del mineral se elimina sin haber sido aprovechada.

En cambio, las formas mejor absorbidas (bisglicinato, malato) suelen ser bien toleradas digestivamente.

Resumen práctico

Antes de comprar un suplemento de magnesio, plantéate:

  1. ¿He hablado con un profesional sanitario sobre si necesito suplementarme?
  2. ¿Cubre mi alimentación las necesidades de magnesio (frutos secos, legumbres, cereales integrales)?
  3. ¿Sabe la etiqueta qué forma química contiene y cuánto magnesio elemental real aporta por dosis?
  4. ¿Hay certificación de fabricación (GMP) y datos del fabricante claros?
  5. ¿Promete sólo lo que la EFSA autoriza, o se aventura a afirmaciones más amplias?

El magnesio es un mineral esencial y, en sus formas adecuadas, suele ser bien tolerado. Pero como con cualquier suplemento, su uso debe valorarse caso por caso. Una etiqueta bien diseñada puede acompañar tu decisión, pero no sustituirla.